“La ciudadanía tiene un papel importante que jugar en el Mediterráneo”

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ATALAYAR, 28.02.2017

ENTREVISTA A VICENT GARCÉS, ex Eurodiputado y presidente de la Fundación Asamblea de Ciudadanos y Ciudadanas del Mediterráneo (FACM)

Esma Kucukalic

Pie de foto: “Sólo el optimismo de la voluntad frente al pesimismo de la realidad permite avanzar en el Mediterráneo actual, en el que la ciudadanía tiene un papel muy importante que jugar”

Un área geográfica en la que viven casi 500 millones de personas. Un espacio cultural diverso, cuna de civilizaciones, pero hoy escenario de guerra, del hambre, de la desesperación de los que huyen, y de la desigualdad de los que en ella conviven. El Mediterráneo marca la agenda de la geopolítica, aunque la misma parece vislumbrar su fracaso en el reflejo de este mar. ¿Está quizá en la ciudadanía la última esperanza para que el Mediterráneo como espacio político, social y ambiental deje de convulsionar? Hablamos de ello con Vicent Garcés, presidente de la Fundación Asamblea de Ciudadanos y Ciudadanas del Mediterráneo (FACM), una red ciudadana de diálogo, propuesta y acción decidida a crear una comunidad de los pueblos del Mediterráneo.

¿Cuál es la radiografía actual del Mediterráneo?

El mar Mediterráneo que siempre hemos ambicionado como un mar de paz, de cultura, donde los pueblos ribereños pudieran convivir y progresar se está convirtiendo en un mar de guerra, en un mar cementerio, y lo triste es que, con el paso del tiempo la situación empeora.

Los pueblos de la cuenca del Mediterráneo tienen una historia milenaria, aquí nacieron tres grandes religiones monoteístas, nació la democracia. Es un mar con mucha historia que une tres continentes, y que en estos momentos es un espacio geopolítico de importancia mundial con conflictos muy serios. En Europa se da la debilidad de la Unión Europea, con una crisis económica no resuelta que afecta principalmente a los países mediterráneos europeos. En el norte de África, desde el Magreb hasta Egipto tenemos una situación difícil de guerra abierta en Libia, de dictadura e inestabilidad en Egipto y una frontera sur en la que todo el Sahel está en una situación económica y militar delicada. En el este, asistimos a conflictos que permanecen en el tiempo y empeoran. En el caso de Israel y Palestina, es lamentable que la salida que se previó hace veinte años de dos estados reconocidos esté desvaneciéndose, y que todos los días mueran palestinos por esta falta de solución. Hay guerra en Siria, inestabilidad en Turquía, en Irak y en Afganistán. Todos estos conflictos hacen que los pueblos ribereños están viviendo una situación de enorme dificultad e inseguridad. Además, la brecha de desigualdad entre la U.E. y los países del este-sur del Mediterráneo sigue agrandándose.

Sin olvidar que, como espacio geográfico, el Mediterráneo es uno de los mares más contaminados del planeta donde la flora y fauna marina cada vez tiene más dificultades para permanecer.

Ante esta panorámica, solo el optimismo propio de las voluntades que quieren hacer frente al problema nos permite continuar. El optimismo de la voluntad frente al pesimismo de la realidad, como dice una vieja máxima. Y en este escenario, la ciudadanía tiene un papel muy importante que jugar.

Es un espacio geográfico muy amplio. ¿Se puede hablar de una ciudadanía mediterránea?

Nosotros damos ejemplo. Como Fundación, somos una red ciudadana de diálogo, propuesta y acción con diez años de existencia. En ese tiempo hemos pasado de una estructura informal como Asamblea a una estructura con personalidad jurídica que es la Fundación Asamblea de Ciudadanos y Ciudadanas del Mediterráneo. Nacimos con la clara intención de que uno de los actores fundamentales de la democracia que es la ciudadanía pasara a tener un papel determinante. Y eso en un contexto en el que aún no se vislumbraban las revueltas ciudadanas que propiciaron la llamada Primavera Árabe.

Mapa de los círculos ciudadanos ACM de la Fundación ACM presentes en el Mediterráneo.

La FACM trata de articular la ciudadanía desde su propia personalidad, con toda la diversidad constitutiva de su identidad. La FACM practica la “diplomacia ciudadana” incorporando   responsabilidades y derechos de la ciudadanía. Comenzando por intentar hacer frente a la triste situación que atraviesan los pueblos del Mediterráneo. Hablamos también de “resistencia ciudadana” enfrentando a las maquinarias económicas, políticas y militares, los valores de la democracia, la justicia, la libertad y la dignidad. Se trata de hacer prevalecer la ciudadanía frente al horror. Un ejemplo claro han sido las reciente manifestación celebradas en Barcelona y muchas otras ciudades europeas, exigiendo otras políticas de inmigración, refugio y acogida. La ciudadanía con su voluntad y con las herramientas que tiene, ejerce una presión eficaz sobre las instituciones públicas para buscar respuestas a esta situación de emergencia humanitaria.

Sí, pero el camino que parece marcar el tiempo actual es el de los totalitarismos que creíamos superados mucho tiempo atrás.

Todas las potencias mundiales están presentes en el Mediterráneo y no lo hacen desde una perspectiva de paz y progreso. Los fenómenos del racismo y la xenofobia están en desarrollo.  Ello plantea, aún más, la necesidad de que la ciudadanía asuma su papel. Cuando se produjeron las revueltas en los países árabes se abrió una ventana de ilusión que cinco años después ha desaparecido prácticamente a excepción de Túnez. Aquella esperanza permanece en las mentes de la ciudadanía que tratará de seguir empujando hacia los mismos espacios de libertad, democracia, justicia y dignidad. La FACM, presente en más de veinte países del Mediterráneo, es fiel reflejo del valor compartido de ciudadanía y observa, con creciente preocupación, como sus deseos y esperanzas caminan en sentido contrario al de las políticas estatales y globales.

Después de ver la deriva de los países protagonistas de la “Primavera árabe”, ¿Cree que ha fracasado la democracia en el Mediterráneo?

Contrasta la esperanza de tener un futuro mejor con la lamentable situación presente.  A veces se enfrentan democracia y derechos humanos con ciertas tradiciones y culturas.  Mantenemos que los derechos humanos y la defensa de la ciudadanía no son incompatibles con nada ni con nadie, a excepción de los que no creen en ellos, pero ese no es el caso de la ciudadanía del Mediterráneo. Allá donde la FACM está presente encuentra ciudadanos y ciudadanas que creen en los derechos, en la igualdad, y que desde la diversidad aspiran a poder expresarse en espacios políticos donde la ciudadanía tenga protagonismo.  Eso es la democracia. Pero hay fuerzas de otra índole con intereses muy concretos, a las que preocupa muy poco la democracia y la libertad, y que hacen presión para limitarlas o acabar con ellas. Eso no ocurre sólo en los países árabes o de tradición musulmana. En Europa, la extrema derecha, racista y xenófoba, crece en muchos países entorno a intereses concretos opuestos a la democracia y la libertad. La FACM defiende que los valores de la tolerancia y el respeto mutuo  han de prevalecer en un Estado democrático de derecho.

El miedo ha sido el gran alimento de los discursos para la política europea con respecto a la acogida de refugiados. ¿De qué otra forma se puede explicar que en nuestras costas hayan muerto más de 5.000 personas en el último año que estaban huyendo de la guerra y del hambre?

5.000 muertos según cifras oficiales en el último año, y 20.000 desde el año 2000. Cabe señalar que la emigración es un fenómeno permanente que se ha dado en todos los tiempos y no se puede atajar con muros. Los flujos migratorios fuertes tienen que ser regulados y han de evitarse mediante la mejora de las condiciones de vida en origen. Mientras haya pobreza y hambre habrá emigración. Los principales focos de emigración están en la población rural expulsada de su hábitat, desplazándose primero a las ciudades, a los guetos urbanos, y de ahí a otros países en busca de seguridad económica. Y eso no se impide con barreras sino con desarrollo político, social y económico.

La última gran crisis de los refugiados en el Mediterráneo oriental procede de las guerras de Siria, Yemen, Afganistán e Irak. Conflictos bélicos que, desarrollados en el tiempo, hacen que la población obligada a ejercer su derecho a refugiarse siga creciendo. No son los muros los que acabaran con esta situación. Solo la paz y el desarrollo harán posible que las poblaciones puedan seguir viviendo en sus países.

¿Qué posición ha defendido la Fundación ACM en algunos de los últimos foros internacionales en los que ha participado?

Este último mes hemos intervenido en Foros internacionales como el de la Asamblea Local y Regional Euromediterránea (ARLEM) en Malta, o en el encuentro de la Asamblea Parlamentaria del Mediterráneo (APM) de la que la FACM es miembro observador. En estos Foros han sido tratadas las temáticas de la migración y las políticas de asilo, sus causas, conflictos y soluciones. La FACM también ha participado últimamente en un encuentro celebrado en Marsella del denominado Diálogo 5+5 sobre los extremismos, en el RegForum (UPM) de Barcelona sobre la juventud o en la Asamblea General de la Fundación Anna Lindh sobre el diálogo intercultural e interreligioso de Malta.

En todos los ámbitos la FACM ha planteado la necesidad de modificar las políticas y cambiar de rumbo. En relación con los conflictos religiosos la FACM está convencida de que los problemas no tienen fundamentos religiosos, sino que son excusa para recubrir y justificar los conflictos. La espiritualidad acompaña a la humanidad desde sus principios y cada uno es libre de mantenerla respetando a los demás. La ciudadanía eso lo entiende perfectamente, el problema nace cuando se instrumentaliza la religión para otros tipos de intereses económicos, materiales, sociales y de poder.

La FACM a través de su participación en encuentros de alto nivel con instituciones públicas refleja la voluntad ciudadana de búsqueda de otros caminos para superar esta situación de inestabilidad en el Mediterráneo, tanto en materia de políticas sociales, culturales, de los derechos humanos, en especial de las mujeres y de los jóvenes, así como las perspectivas medioambientales.

Decía al inicio de la entrevista que el Mediterráneo como espacio geográfico está herido de muerte. ¿Hay aún tiempo para evitar un destino fatal?

Nos preocupan las dimensiones medioambientales en el Mediterráneo, un mar totalmente contaminado donde los procesos productivos y de vida no ayudan a paliar la situación, sino que la complican más. La FACM, junto con otras entidades, ha lanzado la iniciativa “Declaración por la Transición Agroalimentaria en el Mediterráneo” implicando a la ciudadanía en la necesidad de un cambio de modelo productivo y de consumo, en este caso de alimentos, pero ampliable a otros sectores.

 Vemos pautas de consumo nocivas en el norte, una obesidad que crece, y donde el remedio no está en los medicamentos sino en una mejor alimentación (la dieta mediterránea es un buen ejemplo). Mientras, en el este y sur del Mediterráneo hay hambre, con modelos económicos que además priman la agro exportación y la importación de alimentos, frente a la producción propia y el consumo local de alimentos, que pueden ser pautas de desarrollo. Esta iniciativa sobre la transición alimentaria ha sido presentada por la FACM en la MEDCOP /Tánger, junio de 2016, y en la Cumbre Mundial sobre el Clima, COP22/ Marrakech, noviembre 2016.  Propiciamos una gran plataforma civil en el Mediterráneo capaz de analizar y proponer propuestas alternativas en este ámbito. Ya son 55 organizaciones de 13 países las que han firmado esta Declaración.

Por último, ha comentado que más de veinte países de la cuenca mediterránea forman parte de la Fundación ACM, ¿por qué eligieron Valencia para que albergara su sede?

El primer impulso para crear la Asamblea de Ciudadanos y Ciudadanas del Mediterráneo se dio en Valencia el año 2010. Después vinieron seis Encuentros en otros tantos países distintos, fortaleciendo nuestra capacidad de análisis y propuesta, y mejorando la interacción con las instituciones públicas. Al pasar de la fase informal de la ACM a la fase formal como FACM, todos los componentes de la red ciudadana, convinieron que fuera en Valencia donde se estableciera su sede, en reconocimiento a su lugar de nacimiento.  Valencia es mediterránea, su historia es inexplicable sin este mar, somos fruto de su mestizaje, su pasado y su futuro se encuentran en él. Hace poco el amigo Vicent Torrent afirmaba en una entrevista que las raíces de nuestra música están en el Mediterráneo. Lo mismo se puede decir de nuestra alimentación, nuestra la cultura o nuestra religión.

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