Lola Bañon: “La visibilización ciudadana es fundamental para construir democracias sólidas en el Mediterráneo”

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Este año, Casa Mediterráneo inaugura su ciclo sobre la mujer y el Mediterráneo con una conferencia de la directora de la Fundación ACM, la periodista Lola Bañon.
Entrevista : “La visibilización ciudadana es fundamental para construir democracias sólidas en el Mediterráneo” Via Revista Casa Mediterráneo

La periodista y analista internacional Lola Bañón, distinguida por su firme defensa de los derechos humanos, dirige desde el 1 de septiembre de 2017 la Fundación Asamblea de Ciudadanos y Ciudadanas del Mediterráneo (FACM), una organización no gubernamental que trabaja por el reforzamiento y la visibilización de la sociedad civil de ambas orillas del Mare Nostrum para construir democracias sólidas, ante los graves problemas existentes en la región y su flagrante exclusión de la agenda europea.

Lola Bañón será la encargada de inaugurar el nuevo ciclo temático de Casa Mediterráneo, “Mujeres y el Mediterráneo”, consistente en una serie de conferencias a cargo de destacadas figuras femeninas que analizarán la situación de la mujer en los países de la cuenca mediterránea con la mirada puesta en el fomento de la igualdad. La primera sesión se celebrará el viernes 30 de noviembre, a las 19:30 horas en la sede de la institución diplomática (antigua Estación de Benalúa).

Bañón es licenciada en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona y doctora en Comunicación con una tesis sobre Arabia Saudita y la imagen del Islam radical. En la actualidad compagina su trabajo en la fundación con la docencia, como profesora de periodismo televisivo en la Universidad de Valencia. También es profesora visitante de la Universidad de Bedfordshire (Inglaterra), en su Master de Relaciones Internacionales.

Sus primeros pasos como periodista los dio en Radio Popular de Valencia, pero la mayor parte de su trayectoria ha transcurrido en la televisión valenciana, donde trabajó a lo largo de 25 años hasta su cierre. Durante dos décadas se ha dedicado a la información internacional y actualmente colabora con los medios digitales eldiario.es e infolibre.es. Es autora del libro ‘Palestinos’, publicado por Planeta, y se encuentra preparando otro volumen sobre Arabia Saudita Saudita que verá la luz la próxima primavera.

Analista especializada en Oriente Próximo y el Mediterráneo, gran conocedora del mundo árabe y el Islam político, Lola Bañón ha visto reconocido su compromiso con las causas humanitarias con el Premio de Defensa de los Derechos Humanos de Amnistía Internacional 2017 por su labor como periodista en diversas zonas de conflicto y más concretamente en los territorios palestinos. Un trabajo que ha vuelto a obtener reconocimiento con el Palestine International Award for Excellence, que recibió el mes pasado en Ramala.

¿Qué es la Fundación Asamblea de Ciudadanos y Ciudadanas del Mediterráneo (FACM), qué países están representados y qué función desempeña?

La fundación es una organización no gubernamental que pretende crear una red de la sociedad civil que vincule a todos los ciudadanos y las ciudadanas del Mediterráneo. Como entidad jurídica la fundación existe desde el año 2016, pero este movimiento empezó hace diez años tejiendo complicidades entre las dos orillas. Pretendemos establecer una vinculación entre representantes de los 22 países del Mediterráneo, excepto Libia por sus circunstancias particulares.

¿Por qué nos interesa el trabajo de reforzamiento de la ciudadanía? Porque lo que queremos es visibilizar la importancia de la condición ciudadana para construir democracias sólidas en el Mediterráneo. La identidad de los mediterráneos es la diversidad, pero la realidad de la ciudadanía mediterránea es la desigualdad. Existe una grandísima diferencia entre la orilla norte y la orilla sur y nuestra perspectiva es la de tejer relaciones entre ambas riberas, porque además se da una circunstancia: las políticas europeas no han pensado nunca ni en los ciudadanos del sur de Europa, ni en los del sur del Mediterráneo. En el fondo lo que persigue la fundación es construir, con el reforzamiento de la ciudadanía, es decir, la condición política de personas con derechos y obligaciones, una reivindicación de las libertades y el ideal de un mundo más igualitario, de complicidades y de construcción colectiva. Un mundo igual para todos, que respete la diversidad y que piense también en los sectores más desfavorecidos.

De hecho, en los círculos hay gente de todas las nacionalidades y las religiones del Mediterráneo y, algo primordial para nosotros, tenemos en cuenta la paridad para la construcción de nuestros órganos directivos y en la representación de todas las iniciativas que emprendemos. La perspectiva de género es muy importante y se vincula con lo que vamos a hacer en Casa Mediterráneo, así como con la política de esta institución que es, de manera muy ostensible últimamente, la presencia de la paridad en sus secciones.

Como analista especializada en el mundo árabe y el Islam político, a raíz de las primaveras árabes, ¿los derechos de las mujeres han experimentado alguna mejora o, al contrario, han retrocedido?

Yo haría una primera lectura de las Primaveras Árabes, que etiqueta de manera muy rápida la situación con la palabra “fracaso”. El intento revolucionario en el Mediterráneo se ha saldado de manera no muy exitosa en un primer análisis. Únicamente Túnez está teniendo un balance mínimamente equilibrado. Pero también es verdad que a larga distancia se ha producido, con la excepción dolorosísima de la guerra de Siria y de Libia, una reorganización que en primera instancia ha dado como resultado la victoria del Islam Político, pero también esto ha ayudado a que incluso las formaciones islamistas entren en periodos de reflexión y de análisis interno. Eso ha provocado que muchos partidos islamistas también se posicionen en situaciones más prácticas. Por ejemplo, la alcaldesa de Túnez es de Ennahda, una mujer islamista con la que mantuve una reunión hace menos de un mes en Barcelona, y tiene una perspectiva mucho más abierta que muchas formaciones políticas europeas tradicionales.

Si bien es cierto que en el análisis a corta distancia el saldo de las revoluciones árabes no es bueno -ha crecido la inestabilidad y la situación política y económica han empeorado- también es verdad que a larga distancia se han reorganizado otras cosas. El pueblo ha tomado consciencia de alguna posibilidad de visibilizar su voz. En este ámbito puedo hablar directamente de las mujeres. Sin querer exagerar su importancia, en países como Túnez los cambios políticos han sido posibles gracias a los movimientos de mujeres, pero organizados, algo que resulta fundamental, porque la voz individual de la mujer tiene muchísimas dificultades para alcanzar poder o visibilización.

En el debate sobre la reforma de la Constitución en Túnez si no se extirpó la palabra “igualdad” del texto fue porque las mujeres tunecinas organizadas dentro de muchos movimientos de la sociedad civil consiguieron que los islamistas no eliminaran el término. La propuesta islamista de Ennahda era poner “complementariedad”, es decir, que la mujer fuera complementaria del hombre, pero fue la lucha en la calle de miles de mujeres tunecinas que a lo largo de los últimos años se habían organizado de manera muy exitosa y no exenta de dificultades la que consiguió que no se eliminara ese término de la Constitución.

También en los últimos años en Marruecos el estatus de la mujer, no vinculado directamente a las revoluciones árabes, ha experimentado avances importantes y poco a poco eso ha provocado cambios en la condición de las mujeres en determinados países. En la orilla norte, de la que se habla poco, donde nos encontramos nosotros, en España, Italia y Grecia, aunque la legislación es netamente más ventajosa, no podemos olvidar otros asuntos más allá de la ley, como la crisis económica. Ésta ha expulsado a la pobreza a miles de mujeres, las ha privado de formación y las ha dejado sin tratamientos médicos. Cuando uno está en privación económica, el sistema de derechos cae. Ésta es una de las cuestiones importantes que nos sitúa en la necesidad de buscar una nueva perspectiva de vida. De ahí que yo siempre diga que es crucial defender la perspectiva mediterránea más allá de la europea, porque supone la creación de un nuevo eje de mirada política, no en un sentido partidista, sino de construcción del mundo.

Otro asunto fundamental en el Mediterráneo es el tránsito de caminos energéticos. Por aquí pasan gas, petróleo,… lo que nos sitúa en un territorio de peligro y conflicto. De hecho, la guerra siria es una muestra de ello; no es un enfrentamiento civil, sino un conflicto en el que todo el mundo está intentando averiguar qué parte de porción en el negocio del tránsito de la energía se lleva. De ahí la intervención extranjera. Por eso, en este terreno complicado en el que nos hallamos la voz y la representación de la mujer resulta muy importante, no sólo porque constituye más de la mitad de la población mediterránea, sino porque además por su tradición de lucha contra su propio entorno familiar y político y su invisibilidad es capaz de tener más facilidad para la generación de propuestas alternativas a las ya conocidas. Ésta es mi opinión, de diagnóstico complicado, ya que estamos en un momento difícil, pero en el Mediterráneo disponemos de un capital humano impresionante, especialmente en las mujeres y en los jóvenes, y aunque esa circunstancia pueda parecer un problema tenemos que traducirla en una fortaleza.

Lola Bañón: “La visibilización ciudadana es fundamental para construir democracias sólidas en el Mediterráneo” en DESTACADOS MUJER
Lola Bañón con niños sirios refugiados en Líbano

En los últimos años, el Mediterráneo se ha convertido en un cementerio de personas en su huida de la guerra, la represión y el hambre. La respuesta de la Unión Europea a este fenómeno ha sido el control de fronteras y la contención de 3,5 millones de refugiados sirios en Turquía. ¿Qué políticas debería poner en marcha la UE para dar una solución real a estos seres humanos?

He estado hace tres semanas en la frontera siria, en territorio libanés, con los refugiados. Líbano es un país de 4 millones de personas que ha albergado a un millón y medio de refugiados y solamente con ver la situación humana en la que están esas personas uno inmediatamente hace el retrato de lo que nunca debió ocurrir. Europa ha experimentado su primera gran quiebra importante con el incumplimiento de la legalidad internacional en el tratamiento de los refugiados, con lo cual ha sufrido una pérdida de moralidad y de valores que ya nos está pasando factura. El acuerdo que ha alcanzado la Unión Europea con Turquía dándole dinero para que se haga cargo de los refugiados es un pacto comercial en el cual se ha traficado con seres humanos. Esto, que se ha hecho desde instancias europeas, además de un incumplimiento de la ley, es una vergüenza moral.

Dicho esto, más allá de aplicar la ley es necesario diseñar políticas migratorias. Hasta ahora, Europa se está gastando muchísimo dinero en las políticas de contención, que no pueden ser nunca las únicas medidas, porque la realidad es que la gente que huye de la guerra huye de la muerte. No se puede parar a quien escapa de un conflicto bélico. Primero hay que analizar las causas y evitar que se produzcan las guerras. Puede parecer un argumento muy simple, pero detrás de la guerra de Siria hay muchísimos intereses y se podría haber evitado, del mismo modo que la de Libia. Lo que es inconcebible es que haya intervención extranjera en los conflictos y luego decirle a la gente que no salga y que le caigan las bombas encima. Eso ninguna mente humana lo puede entender.

En cuanto a la inmigración, que constituye también una salida masiva, hay que analizar la situación de África y de algunos países de Asia para intentar entender que ningún emigrante y, sobre todo, ningún refugiado quiere salir de su casa. Es preciso evitar entonces que se marchen. ¿Cómo? Evitando las guerras y creando condiciones para que la gente pueda ganarse la vida sin tener que lanzarse al mar hacia una muerte segura. Algunas personas están intentado generar soluciones a ese nivel, pensando que África tiene que vivir un plan de aprovechamiento de recursos, de generación de formas de subsistencia… Todo esto debe estar vinculado con el Medio Ambiente y es la única solución que tiene Europa, que no puede seguir esquilmando los recursos naturales de África, dejándola sin posibilidades económicas y luego pretender que los africanos no salgan de allí.

Cuando hablas con personas de África te dicen: Nosotros no queremos emigrar, no queremos dejar a nuestras familias, pero sí queremos vivir. Entonces, pensemos con la cabeza. La política de contención pueden ser útil puntualmente, pero no va a solucionar nunca el problema. Supone un derramamiento de dinero, malgastado, encaminado solo a reprimir a la gente, pero a no resolver su vida. Para que en Europa tengamos seguridad, la población de la otra orilla tiene que poder vivir, pero en igualdad de derechos que nosotros. Quien no entienda esto se está apartando de la solución del problema.

Lo que ocurre es que también hay un negocio paralelo en la inmigración y esto tiene que entrar en el diagnóstico, así como los análisis serios, efectuados por fuerzas de seguridad, por militares y por agentes políticos, y que desafortunadamente no afloran. Cuando hay seguridad y estabilidad, la gente no se mueve de sus países. Y cuando se produzca esa situación entonces sí se podrá abordar un estudio de movilidad, que también es un tema muy importante en el Mediterráneo. Nosotros podemos viajar a Marruecos libremente, pero los marroquíes no pueden hacerlo del mismo modo, necesitan un visado. Hay que acometer un gran plan estratégico, humano, que sea además serio. Estos discursos de puertas abiertas de manera absoluta son irreales también. Todo se tiene que abordar con un proyecto encaminado, sobre todo, a evitar que la gente se tenga que lanzar al mar a morir. Cuando las personas adoptan esta decisión es porque están muy muy desesperadas.

Como conocedora del conflicto palestino, ¿qué opina de la actual política del Presidente Trump dirigida a trasladar a Jerusalén la Embajada de EE.UU.? ¿Esta provocación está agravando las tensiones existentes en la zona?

Jerusalén es una ciudad simbólica, no sólo para los palestinos, sino para todo el mundo musulmán. Es la tercera ciudad sagrada para el Islam, después de Meca y Medina. Primero, la decisión de Donald Trump de trasladar la capitalidad a Jerusalén incumple la legalidad internacional, que no reconoce a esta ciudad como capital de Israel. Su estatus debe ser debatido a posteriori. Desde ese punto de vista se puede entender como una provocación en apariencia, pero detrás hay un plan encaminado a conectar con el diseñado por Israel de proseguir su ocupación de los territorios palestinos. Es un error inmenso, que traerá más violencia y más dificultades para organizar un proyecto serio de paz. En todo caso, la política norteamericana de los últimos años, inclinada totalmente a favor de Israel, sólo ha conseguido agravar la situación en la zona, pero no únicamente la de los palestinos, que sufren la ocupación desde hace 60 años, viviendo en un régimen donde tienen menos derechos que los israelíes.

Justamente hace unos días estuve hablando con unos académicos israelíes con este tema sobre la mesa: Israel tiene que debatir hacia dónde quiere ir. Es un país en recesión demográfica, mientras que los Estados árabes de alrededor tienen una demografía muy alta. Ahora los israelíes son seis millones, pero dentro de 20 años los palestinos van a ser muy superiores en número. Es necesario acabar con la ocupación, que israelíes y palestinos tengan igualdad de derechos y obligaciones, que se organice un proceso de paz responsable, auspiciado por la comunidad internacional y que Estados Unidos revise sus prioridades en la zona. Es preciso que EE.UU. sea un agente de paz, ya que no se puede prescindir de la primera potencia del mundo, que tiene mucho que decir en la zona. La guerra siria es un ejemplo de su hegemonía. Es necesario, también por el interés de Israel, que se revisen esas cuestiones.

Y desde luego, Jerusalén no puede ser la capital del Estado, porque el estatus de la ciudad tiene que ser expuesto en la comunidad internacional. Para mí, se trata de una acción del gobierno de Trump totalmente gratuita y provocadora de muchísimas tensiones.

En 2017 obtuvo el Premio de Defensa de los Derechos Humanos de Amnistía Internacional, ¿qué significó para usted este reconocimiento?

Hace justo un año que recibí el premio y en primer lugar quisiera dar mi agradecimiento a Amnistía Internacional por ese reconocimiento. Siempre fue un placer y un honor colaborar con ellos cuando me llamaban para participar en alguna de sus campañas. Es una organización ejemplo de la sociedad civil, de la que hemos hecho mención en esta conversación. En toda base de un buen trabajo político está la reivindicación de los derechos humanos para todos, de forma igual, sin diferencia alguna, y el trabajo que ha hecho Amnistía a lo largo de tantos años es encomiable. Por eso para mí este premio fue un regalo y además un compromiso para seguir apoyando a toda la gente de la organización que de forma desinteresada lucha por la paz y los derechos humanos en todo el mundo, pagando en algunos casos un precio muy caro, como el responsable de Amnistía Internacional en Turquía que se encuentra en prisión.

Y de alguna forma, este reconocimiento ha sido la antesala de otro galardón que me han concedido hace unos días, el Premio Internacional Palestina que también me ha resultado muy emocional, primero porque me lo han entregado en Ramala y segundo porque está basado en la defensa de los derechos humanos. Yo no concibo el periodismo si no es una acción basada en la defensa de los derechos humanos. Por eso, no encuentro discontinuidad entre mi pasado como periodista y persona que actualmente trabaja por la ciudadanía, porque al fin y al cabo he sido siempre lo mismo.