¿Sálvese quién pueda? : No gracias

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Alfons Cervera, Levante-EMV 24.04.2020

La célebre tríada revolucionaria -libertad, igualdad y fraternidad- tiene su origen en el espacio mediterráneo, donde la desigualdad perpetúa conflictos.

«La existencia de intereses comunes, modos de vida, tradiciones y rasgos culturales compartidos entre ambas riberas del Mediterráneo parece esfumarse hoy, cuando se imponen las consecuencias más negativas de una dura realidad». Este párrafo pertenece a Mediterráneo: el naufragio de Europa, que publicó Javier de Lucas en 2015. Y podría servir perfectamente para entender mejor lo que cuenta, y sus alternativas y conclusiones, Ricard Pérez Casado en su último, exhaustivo y documentado libro Las desigualdades mediterráneas, reto del siglo XXI, publicado por Catarata y Fundación ACM en marzo de este mismo año.

El sentido de sus páginas arranca de las tres palabras mágicas: libertad, igualdad y fraternidad. ¿Les suenan? No sé cuál de ellas está más hecha unos zorros en los tiempos actuales. Pero eso es una opinión mía, particular, dejada caer aquí no para comerles a ustedes el tarro sino para aportar un elemento más a la hora de los balances colectivos. El libro que reseño pretende eso: abrir argumentos para el debate, levantar el velo que tantas veces oculta, o confunde, la hidra de las siete cabezas: ese poder que está en todas partes, que lo controla todo, que ha convertido las tres palabras mágicas -y sus colores- en un erial de pensamiento único, en el cromatismo monocolor de la desigualdad planetaria.
En esa palabra centra Pérez Casado su excelente argumentario.

Y lo hace, paradójicamente, basado en su contrario: «la desigualdad está en la base del estallido y mantenimiento de muchos conflictos que afligen a las sociedades mediterráneas». Esa condición injusta, inhumana, de las relaciones entre países y en el interior de esos países la conoce bien el autor: en 1996 fue administrador de la Unión Europea en Mostar (Bosnia y Herzegovina) y presidente de la Comisión Delegada del Instituto Europeo del Mediterráneo en 2004 y 2005. O sea, que prácticamente el libro es como un largo y profundo trabajo de campo, que es una buena manera (aunque no la única) de hablar con garantías de lo que se habla. Interior y exteriormente de los países mediterráneos, el neoliberalismo hace estragos en el diseño y funcionamiento de los comportamientos, tanto desde el punto individual como desde el colectivo.

La Europa económica ahoga las dimensiones sociales de su argumento fundacional. Ya ven hoy mismo, sin ir más lejos: una pandemia terrorífica que debería de haber convertido Europa en una piña, ha devenido una vez más en una riña de grillos en que el estribillo más repetido ha sido el de la falta de solidaridad entre unos países y otros. ¡Sálvese quien pueda y que les den pol saco a los demás! Ahí un leitmotiv constante en el libro: la mirada sobre el «otro», la estigmatización del y de lo «diferente». Cierto que, a lo largo del tiempo, algunos logros se han hecho realidad, pero aquí tampoco se conforma el autor a la hora de afianzar esos logros en las sucesivas etapas históricas que viven los países del Mediterráneo: «las conquistas? también pueden perderse».

No falta en las reflexiones de Pérez Casado la presencia de la sociedad civil en los conflictos. Asociaciones solidarias de muy diverso espectro, movilizaciones en las calles de una juventud harta de precariedades, un feminismo que ha abierto posiblemente la brecha más honda en ese poder patriarcal nunca dispuesto a ceder una mínima parte de sus privilegios. Aquí una cierta esperanza, una mínima luz que alumbre las sombras de una Europa que desdice a cada paso la unidad en torno a las tres palabras mágicas: libertad, igualdad y fraternidad.

Y cierro esto que escribo con esa idea -tan justa y atinadamente repetida en el libro y en la propia dinámica de los países miembros- de una Europa económica por encima de la política. Hay que hablar de otra Europa, de otro Mediterráneo, de otro paisaje en que la mirada no bizquee a la hora de señalar los conflictos de verdad y el papel que los protagonistas principales juegan o deberían de jugar a la hora de abordar esos conflictos. Lo resume perfectamente Sami Naïr -tan presente en esta páginas- en Europa en la encrucijada: «el futuro de Europa, en la encrucijada actual, será político o no será». Pues eso.