Ricard Pérez Casado: La Méditerranée et l’Europe

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02.11.2018. Levante-EMV

La réaction face à cette situation doit être citoyenne, renforçant de notre côté l’idée de plus d’Europe. La Fondation Assemblée des citoyens et citoyennes de la Méditerranée, qui a son siège dans plus de vingt pays riverains, l’a bien compris, ainsi que d’autres organisations d’une véritable société civile. La solidarité fait partie de notre culture, ne la laissez pas être engloutie par les égouts d’intérêts qui ne font pas partie de la citoyenneté.
De Mare Nostrum a cementerio marino y no precisamente el de Valéry. Europa, la de la bella faz raptada por Zeus, amenazada por la hidra de la intolerancia de múltiples cabezas.

Europa de emigrantes huidos del hambre, la persecución, la guerra, el fanatismo. En todas direcciones hacia todos los puntos cardinales. Escitas, eslavos, macedonios creadores de la koiné clásica; troyanos referentes del imperio romano. Carabelas en búsqueda de todos los Eldorado, evangelistas del Mayflower, desarrapados de la fortuna o de las convicciones. Exiliados de todas las guerras perdidas. Hambrientos irlandeses, ambiciosos teutones hacia el Báltico. Los ejemplos alcanzan a los valencianos camino de los departamentos franceses de la costa argelina, con el eco del idioma en los oídos de Camus. O a los viñedos del Languedoc, las minas de carbón belgas, las fábricas del Ruhr.

Ayer mismo. Hoy, con títulos académicos sin fraude, formación homologada, jóvenes y no tan jóvenes, camino de la supervivencia.
Ni muros ni fortalezas, nunca, han impedido las migraciones humanas. Hoy sus restos son mudos testimonios del fracaso y de quienes los concibieron. Entre nosotros, europeos, los limes romanorum en Escocia, en las ciudadelas del Rhin, en la pentápolis sirio-jordana actual, son meras ruinas acentuadas por enconos recientes, la desidia permanente y la obcecación de algunos. Los bárbaros estaban en la plaza, nos decía Kavafis.

Europa con imperios donde no se ponía el sol, o domaban las olas, y antes de Volubilis al Orontes, dominio sobre culturas antiquísimas en el Éufrates o el Nilo. Polvo de la historia y a la vez alumbramiento de conocimientos imprescindibles desde el cálculo a la filosofía política. Sin límites pese a todas las destrucciones e intentos fallidos por eliminar esta herencia que hoy llamamos democracia, derechos, libertades.
Mediterráneo. La sede pródiga en diversidad y en encender la mecha de las preguntas humanas y los medios para responderlas de Aristóteles o Platón a Pitágoras o Heráclito. De Saladino a Soleimán, de Abraham a Jesús de Nazaret, a Abderramán a Alfonso el Sabio, con Maimónides, Ibn Jaldún o los versos de Ibn Jafaja tan cercano. Todos mediterráneos.

Espacios reducidos a la escala planetaria. Europa una península del gran continente aún apellidado euroasiático, asiático. Un mar interior frente a los océanos. Capaces de generar conflictos desmesurados, de consecuencias terribles. En el pasado y en el presente. Con la pólvora de las ideas y los ingenios de destrucción producto de la inteligencia y aplicación de los conocimientos culturales, científicos a la destrucción. Son millones los seres humanos víctimas de unas y otros. Tantos en el último siglo que hubo que pensar en nuevas formas de relación entre los diferentes.

Este y no otro es, en definitiva, el origen de instituciones políticas como la actual Unión Europea: la recuperación de la centralidad ciudadana en la política, la lejana y siempre actual creación de la Grecia clásica. Un espacio de libertad, de paz, de prosperidad compartida, de igualdad y de solidaridad.

Residuos tóxicos de un pasado infausto pretenden levantar barreras de ignominia, exhuman los cadáveres pestilentes de ideas y nombres que condujeron a las grandes catástrofes del siglo XX. Espantajos que anonadan a las multitudes confiadas que, vulnerables, siguen a los profetas apocalípticos, ignorantes del destino que les espera de manos de tan brutales epígonos del fascismo. Una repetición a modo de farsa sin duda, pero trágica para multitud de seres humanos a uno y otro lado del pequeño mar interior.

El rechazo a las lentas conquistas sociales de la Unión Europea desnuda a ésta de la legitimidad de las causas de su misma existencia. Desde la libre circulación de las personas a la acogida de los perseguidos, cualquiera que sea la razón de la persecución. Lo apuntó Séneca en su epístola a Evia, su madre. La persecución, de suyo, redime al perseguido, con mayor razón si este lo es por sus ideas, convicciones, creencias, raza, género. Su voz a la larga es la que más alto suena en la historia. Como la de nuestro Lluís Vives, pese al ensañamiento de sus perseguidores con los restos maternos.

Los valores de la Ilustración tan citados como olvidados en la práctica política y económica de este lado del Mediterráneo se estrellan ante la muralla egoísta de las élites europeas que han abandonado a sus propias poblaciones. Éstas condenadas a una desigualdad creciente, con el espectáculo obsceno de la ostentación de la riqueza. Élites impunes, apátridas exhibiendo banderas, himnos e instituciones a su servicio contra sus conciudadanos, condenados a la pobreza, la desesperación, y al odio al diferente, al otro, que amenaza las migajas que caen de la mesa del festín.

La gran fosa común se banaliza en las imágenes televisivas, en las redes sociales. Su recurrencia es tal que insensibiliza a la audiencia. De esto se valen los populistas reales, la derecha radical, fascista aunque se ampare en elementos tan fluidos como la seguridad nacional (¿cuál?, ¿de quién?), la identidad amenazada (¿cuál? ¿por quién?), o la fragilidad del sistema económico y social para absorber el flujo migratorio.

Las cifras de la catástrofe humanitaria son conocidas. Las cifras sobre las que basan para elevar muros estos siniestros fantoches y justificar el rechazo se desconocen, son deliberadamente obviadas. Algún imbécil local además de rechazar el espacio Schengen que ampara nuestra movilidad, desde los estudiantes de Erasmus a trabajadores y profesionales, vocifera la llegada de millones de subsaharianos a nuestras costas. Por cierto ignora también que huyen rifeños de la represión marroquí, las víctimas rifeñas desesperadas que ayudaron a sus generales en la guerra contra la República y los españoles.

La reacción contra esta situación ha de ser ciudadana, en nuestro lado reforzando la idea de más Europa. La Fundación Asamblea Ciudadana del Mediterráneo con sedes en más de veinte países ribereños, así lo ha entendido junto con otras organizaciones de la sociedad realmente civil. La solidaridad forma parte de nuestra cultura, que no se la engulla la cloaca de los intereses ajenos a la ciudadanía.

Ricard Pérez Casado est l’ancien maire socialiste de València, membre du Conseil consultatif de la Fondation ACM et du cercle ACM de València.